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Pregón de la Semana Santa 2022 a cargo de Andrés Díaz Aliaga

EL QUE CREE EN MÍ NO CREE EN MÍ, SINO EN EL QUE ME HA ENVIADO

Creer, si, creer en el Padre. Creer en lo Divino. No es adoctrinamiento, es cultura, es sentimiento. Desde pequeño ha sido la base de nuestras creencias y pilar de nuestra fe. Trasmitida por generaciones así debería de perdurar, pero todo cambia, si.

Y EL QUE ME VE A MÍ, VE AL QUE ME HA ENVIADO

Nos posicionamos delante de la imagen y decimos, sí, creo. Por las escrituras lo conocemos, y día a día contemplamos su creación. Seas tu nuestro Señor sea el enlace divino.

Y aquí tu Pasión, sea para nosotros muestra de testimonio como cristianos.

Es fácil hablar de lo que conoces, pero complicado expresarlo. Ver que tu gente, tus amigos y conocidos, incluidos los que a ti te conocen, pero tu a ellos no, están aquí.

Subirte al altar y tener una perspectiva completa de un templo repleto esperando que tu relato llegue al corazón, da más impulso a las mariposas que en estos momentos sientes en tu interior.

Sus oídos en alerta esperando captar las sensaciones que vas a expresar y que sus sentimientos intentas aflorar.

Llegas con el alma encogida a pesar de creer tener tablas en esto, pero nunca es fácil, siempre parece la primera vez.

Hoy, ante El, vengo a relatar lo que siento, como persona que ama la Semana Santa, desde un simple cofrade, como un simple ciudadano. Ver, sentir, meditar, orar y silencio. Silencio que estalla a gritos cuando agarrado a una cruz esperas a unas campanadas que suenan a tristeza, Tres son la señal que marca el camino que te lleva a un Gólgota personal.

Antes lo has acompañado, coronado de espinas, azotado y maniatado. Camina en solitario por un camino marcado y si, voy con él, yo no lo he negado, ni una ni dos, ni cuando cante las veces que quiera el maldito gallo, Se me abre el alma de recuerdos y en varias hojas las he plasmado. Una parte de mi vida, mi Pasión, así relato.

De pequeño ya sentías que el orden y silencio imperaba, la cuerda que sujetada la anilla que en tu dedo iba anclada.

Y pegas el estirón lo suficiente como para llevar el anda. ¡Por fin he llevado al niño!, aquí comienza todo, aquí te engancha la Semana Santa.

Hoy consigo la cuadratura del círculo siendo pregonero en mi tierra. Dos sueños cumplidos y ante ustedes el tercero. Llegar a ser hermano mayor de mi hermandad, presidir el órgano general de organización de la Semana de Pasión y abrir mi corazón de cofrade ante ustedes. ¿Qué más puedo pedir?

Conocer desde dentro cada hueco, fatiga, lágrimas, anhelos y alegría. Cada cofradía tiene su misterio y relato y hoy vengo a mostrarles lo que yo siento, lo que desde años he vivido, lo que desde todos lados he captado.

Quien conoce como nosotros lo que se vive en Semana Santa, sabe que esto tiene un poquito de magia, eso es lo que nos engancha.

Ni andaluza ni castellana, cada una tiene su estilo y  cada una tiene su encanto. La nuestra es sencilla, sin pasiones fervorosas, sin matices clasicistas, ni siquiera con tronos infinitos que cuando pasan son eternos.

Nos rodea lo sencillo, nos enmarca lo sincero. Austeridad en sus pasos en este gran pueblo.

Más seguimos la liturgia marcada por los evangelios. Nuestro comienzo con la borriquita hasta que al Señor lo veamos de nuevo.

En cuatro días que vivimos una pasión desenfrenada, sentimos como cualquiera que le guste la Semana Santa. Por no gritar no somos menos, por no llorar no tan tiernos. Pero si tenemos una cosa, que a nuestra manera celebramos lo que está escrito, lo que está profetizado, lo que marca el Evangelio.

Y es domingo de ramos, el sol iluminando el día. Nuestros mayores a coger el olivo que depositan en la iglesia, no vaya a ser que alguien coja mucho y a casa llevar no pueda.

De estreno todavía van algunos, como cuando la abuela lo ordenaba: ¿Cómo que no le has comprado ni una muda para que hoy la estrenara? Aunque fuera calcetines, con eso se conformaba.

Y la fiesta de tres días antes en casa la montábamos, no iban a faltar rosquillos ni hojuelas ni torrijas. La calle olía a dulce, igual que la habitación donde la abuela escondía el ato.

¡Ibas a pasar tu tan listo a por el arroz con duz al cuarto que bajo llave lo metía y en el mandil la llave que llevaba a lo más típico de estos días santos!

Han venido ya los primos, si, los de Ibi y los de Parla.

Quien me niega que estas fechas no son de estar todos en alianza. Deseando que las madres ya liadas con la masa, para hacer esos rosquillos que por la tarde nos saciaban. Y el patio corría peligro si no nos vigilaban. Mas de una maceta caía, y sin darle ni nada, ninguno habíamos sido, pero a todos nos calentaban. La Semana Santa no solo es pasión por las calles, parte de ella la vivimos en familia, eso sí era convivir en el mejor ambiente que cada año esperabas.

Nos echamos a la calle temprano para sitio coger, que la acera de la izquierda da la sombra si no nos queremos cocer.

Con ropaje de estreno vamos más contentos que unas pascuas, ya empieza el domingo, comienza la Semana Santa.

Cual Jerusalén improvisado, Tomelloso se prepara, no falta olivo, no falta nadie, no falta palma.

Es el sentimiento, es la alegría. Sobre unos hombros lo llevan a Jesús en Borriquilla

Y su gente te recibe, si, y se ponen a tu lado.

Todos quietos en la acera, al hijo de Dios observando.

En un trono sencillo representas tu llegada, ten compasión de nosotros, los mismos que en pocos días te negamos. No solo vamos contigo, también celebramos tu llegada en este domingo de ramos.

Y lo dicho anteriormente, en cuatro días lo apañamos, nos ceñimos a la liturgia y volvemos  Jueves Santo. En estos días recordamos que por Jerusalén tú estabas, a tus discípulos reunías y con ellos organizabas. Más sabes lo que te espera y preparas todo para estos días. Hoy empieza tu calvario y lo escenificamos día por día.

Un pequeño huerto tenemos montado como recuerdo, tu con el ángel a tu lado mientras tres de ellos dormían. Y al padre le gritabas, queriendo respuestas pedías. De un Cáliz muy amargo tu destino depende, más el traidor, por unas monedas de plata te vendía.

Llega Judas y junto a él un sequito. Vienen armados para llevarse al Nazareno. Un beso te delata para hacerte prisionero, más en sueño profundo vuelven a la vida los que estaban durmiendo.  Triste escena la vivimos como si de nuestra vida fuera en ello. Unos te dan la espalda, otros salen corriendo. Ahora sí, despiertos y exhortos de cómo se llevan al maestro.

Maniatado te llevan a palacio, donde el hombre liberarte podría de tu castigo. Y por qué despertar a Poncio, de la historia solo sacas dudas, tras consultar con los representantes judíos.

E insisten que sea crucificado. Tú, hombre de paz y gloria, te formulan la pregunta… ¿eres Rey? sin argumentos les contesta, pero un solo “tú lo has dicho”

Y vuelta a otro palacio, Pilato, Herodes, Herodes, Pilato. No ven culpa en tus palabras, pero aclaman tu castigo. En palacio humillado nuestra visión ha cambiado. Para calmar al pueblo un castigo singular has mandado, “que lo azoten” así honraré mi cargo, pero no fui yo quien lo pedía, vosotros lo habéis solicitado. Rotas las vestiduras preparan la columna que sujete tu desgracia por haber sido vendido. En juicio rápido te condena, Y de espinas te marcaron. Cada golpe que te daban dolía el cuerpo, dolía el alma, y cada golpe te iba apagando.

Y al alba se ven tus llagas, Las de un castigo inventado. En la columna dejaste tu sangre, donde estuviste amarrado. Maldita atadura tuviste, que el corazón de tu madre partías. Sin beneplácito sufriste lo que tú mismo predecías. Mas un pueblo que te entrega y celebran cada latigazo. Al hijo de Dios hecho rey, de un reino imaginario.

El huerto desapareciendo por la esquina y al otro lado entrando, unas figuras que representan un juicio equivocado. Somos un pueblo que vemos pasar un rey, con cetro, corona y manto y nosotros muy tranquilos, desde la acera, en silencio, respetando su reinado. Solo se escuchan gritos a quien han flagelado. Una Virgen vemos pasar, 7 puñales van marcando. Corona para un rey, sin la corona no hay mandato. Pues que así sea, convertido en rey improvisado.

¿Eres rey? Tú lo dices. Porqué te condenas tú mismo. Yo te puedo liberar. Asumes lo que eres, eres cómplice de tu destino.

Yo no soy culpable de tu condena, el pueblo lo ha decidido. Tu pueblo no te quiere, Ellos mismos te han vendido. Y no cedes ante nada, por más veces que te pregunte. Pues con agua lavo mis manos, que tu reino y pueblo te juzgue.

Rasgadas las entrañas de un cuerpo dolorido, Lo visten de púrpura y oro viejo fino. Caña en mano, de mi reino soy esclavo, de espinas me coronan cual rey afligido.

Te aclaman, y se burlan, te humillan con descaro. ¿padre, que le he hecho yo a este pueblo? Yo en ellos había confiado. Me venden como esclavo, Azotado y torturado. Hipócritas personas sin piedad que a mí me engañaron.

Como costumbre judía, se libera un acusado que retome de nuevo el vuelo como pájaro liberado. Creo que lo tiene claro, al ladronzuelo lo están aclamando y tu solo, delante de todos, con tu terciopelo morado. Sobre el señor de Tomelloso ha caído la condena, con la orden de Pilato comienza un Vía Crucis, que nos llena el alma de pena. Coronado de espinas que van clavando nuestras desgracias, azotado y con la carne rajada, por el látigo de un romano que sin piedad manejaba. Maniatado como malhechor sin saber bien quien eras. Un pueblo que te acompaña hacia una muerte segura, y al llegar el momento de cargar con la pena impuesta. Y el pueblo entero calla, silencio en todo el vecindario. Desde la acera, desde el balcón, desde el cochecito, todos. Silencio, el señor va pasando. Te cambian por el ladrón, Mas afecto que al salvador tienen. Solo, ante todos te muestran. De rey vestido ya comienza tu andadura, El madero que espera a su inquilino, para comienzo de tu tortura.

Ahí va el Medinaceli, ahí va el rescatado. Ahí va el cautivo por todos señalados, Entre todos te abren camino. Cientos de capillos hacia el cielo marcando.

Madre no sufras, tu hijo ha encontrado el destino, un destino que tu sabías. Ya no hay vuelta en el camino, bien recordaras este día.

Una Virgen en solitario, al día marca el punto y seguido, un Jueves Santo señalado, y tú, madre le acompañas, acompañas al hijo.

Un cortejo vas cerrando en esta noche maldita. Un trono para ti madre, el que te va a llevar al monte, allí, donde reina la malicia. Y da los primeros pasos con su castigo en los hombros, y tu reina de los cielos, a su lado, sufriendo con el castigo impuesto por el romano.

Dolor, si, mucho dolor se presenta, le ha impuesto al Mesías un castigo equivocado. Ya comienza agotado, un látigo con rabia lo ha marcado.

7 puñales marcan lo que un jueves ha pasado. 7 dolores que te encogen el alma, y el corazón, lo más sagrado.

Despojado y marcado con sangre ponen la cruz en sus manos, y colocan en medio de la Vía, senda que lleva a lo más alto. Un Dios pobre, un pobre humillado. Vendido por su propio pueblo, por sus discípulos abandonado. Ya el día ilumina el Viernes Santo. No es un viernes cualquiera, es un día señalado. Pobre, si pobre humano. A semejanza de todos, todos los que esperamos que pases por delante, por delante de nosotros. Somos meros humanos viendo representado un Cristo, al que con fe veneramos. Y la mañana ya levantada llena de personas las calles, los niños nerviosos, a la calzada saliendo. Ese día nadie se mueve, pasa el hijo, pasa el pobre, pasa el hombre, y nosotros lo esperamos.

Y tras el pobre, una madre, no sola, a ella nunca la han abandonado. Junto a ella va el discípulo amado. Y por la calle, una mañana de Viernes Santo, va pasando esta imagen que te conmueve el alma, cuanto tuvo que sufrir al ver a su hijo torturado. Pobre María, la elegida por Dios, para lo bueno y para lo malo. A escondidas, maría te va siguiendo. Cuesta arriba tu prosigues, nada te lo va impidiendo Y perdida entre gente, sin fuerza no se rinde, sin alma se va quedando. Que pena más grande sufre la madre. Fuerza, coraje y valentía, María va demostrando. Se fuerte, madre, mi destino va llegando Tu ya lo sabias desde el principio. Donde el ángel de dios puso su gracia Y dios el espíritu santo.

Clavaste la rodilla en tierra ya sin fuerzas tu te encuentras, largo se hace el camino subiendo la quebrada cuesta. Y Simón te va a ayudar a aligerar tu castigo, una cruz compartida en el camino. Pero a los pocos pasos te encuentra la Verónica ofreciendo el paño divino, toma, enjuaga tu rostro en el mismo. Dejaste grabada la faz, y a la Verónica el corazón hundido. Cuando pasas por delante de mí, muestras cansancio, odio, y tristeza, solo Dios sabe que piensas, solo yo sé que otorgas el perdón divino.

Y vuelves a caer, tres caídas te han marcado. ¿por qué he de seguir sufriendo? ¡matadme de una vez y se acabará el sufrimiento. Tres caídas por la calle han pasado y yo sin poder moverme, pero sigo a tu lado. Ellos son los pies que con sus ganas al cerro te van llevando. ¿te has dado cuenta de que todos estamos tan tranquilos viéndote pasar? Somos cómplices contigo de no poder ayudar. Malditas las horas que llevas penando en el camino.

Y de fondo se marcan dos cruces, Con inquilinos ya juzgados. Dos ladrones que con la misma suerte que al Hijo de Dios ha tocado.

Esperanza, Esperanza incierta. Nos ilusiona verte, pero no entre tanta crueldad. Vas en trono con palio, en un Vía Crucis imaginario, donde te llevan hombros doloridos compartiendo contigo la tristeza.

Nunca perdiste la Esperanza, pero el destino se acerca. Un camino lleno de espinas marca con sangre la senda.

Triste figura acompaña la noche de Viernes Santo por unas calles oscuras, solo tu Esperanza, solo tu reina pura.

Ya te esperan tus verdugos en ansia de cumplir mandato. Despojado de tus ropas preparado para ser clavado. Cada clavo que se hunde rompe el corazón amado. Cada golpe que se oye resuena y poco a poco lo va matando. Entre los dos ladrones su cruz ha colocado. Burlas, juegos y golpes, sin ninguna razón humillado. Clavos que te tiñen de rojo, tu sangre derramada queda. Tu cuerpo desnudo, marcado por los latigazos atestados por los malditos romanos.

Al pasar junto a nosotros estremeces los corazones, cada golpe que recibes, cada grito que tu dabas, nos acerca más a tu muerte, un castigo que nunca acaba.

Y entre tinieblas al cielo has gritado, ¿padre, porque me has abandonado? La impotencia de un hijo, viendo a una madre suplicando.

Sangre, dolor y llanto, Gritos sin aliento han alzado. No hay derecho a que una madre vea sufrir a quien ha engendrado. Misericordia padre, para mí y para ellos, No alargues mucho la vida, sin que a los pies de la muerte estemos. Que se cumpla tu palabra, Separa rápido el cuerpo del alma. Y a tu lado pronto estaremos.

Llega la hora, el profeta no ha fallado. Ni tu madre podías haber evitado. He aquí al nazareno, su cuerpo aun clavado. Un cuerpo ya sin vida, el salvador ha expirado. Rompe el cielo sus entrañas, El padre se ha enfadado. Han matado a su hijo, Su ira ha comenzado.

Una lanzada te atraviesa Bien profunda el costado. El hierro va haciendo mella, Tu muerte ha confirmado. Un cuerpo ya sin alma unos romanos han dejado. Un Longinos arrepentido al hijo de dios ha encontrado.

En verdad que este era Rey, era real, no era imaginario. Romano arrepentido, resentimiento después de todo ha encontrado.

Rogar, pedid que lo bajen, suplicar para que sea enterrado. Bajarlo de la cruz maldita que mi corazón ha destrozado. Entre tus brazos lo acurrucas, como de niño tú le hacías. Ya no hay lagrimas que resbalen por tus sufridas mejillas Duerme, hijo, duerme. Yo rezaré por tu alma. Un último abrazo más los une, un último beso los separa. Tomadlo y llevadlo a su último aposento, que tenga digna sepultura. Que tenga el descanso eterno, que nadie su muerte interrumpa. No digáis quien era el que allí será enterrado. Muchos sus detractores, ahora muchos menos sus aliados.

Tomelloso se viste de luto, un negro oscuro y frio. Ya vienen con Él Mesías en su urna de color cerezo. Varios en hombros te llevan con el luto en cortejo. Es el titular de la noche, ya es una estrella en el cielo.  El silencio se apodera de los que junto a la acera te esperamos. El luto nos envuelve contigo al verte pasar ya muerto. En silencio hacia la tumba y tras la roca lo hemos dejado. Fría es la dura piedra, oscuro el lugar señalado. Como manda la costumbre, entre perfumes, bien embalsamado. Es el hijo de María, Es nuestro señor quien se ha marchado.

Antes de cubrirlo, ante Él nos hemos quedado, contemplemos al maestro que nos han arrebatado. Su rostro está sereno, tras el tormento sufrido. Ha llevado su martirio hasta el punto más temido, descansa hermano, descansa, en reposo bien merecido. Rueda la pesada piedra para dejarlo bien cerrado. Dentro solo hay silencio, fuera dolor y llanto.

Junto al sepulcro, luto, Oración, soledad y tristeza. En tu alma, madre, una herida abierta. Y todo parece terminado tras cerrar el sepulcro. En soledad marcho del sitio sin comprender el castigo injusto. ¿te acompañamos, María? No, quiero estar sola. Quiero recordarlo con vida y no detrás de una roca. Es viernes santo y el día ha llegado más un cortejo de personas el parador ha dejado. Vemos como por las calles va una madre que en corazón nos unimos a ella, vemos su rostro demacrado de un sufrimiento que apaga su belleza. Soledad, si, una madre en soledad envuelta, sus anderos la llevan despacito por una senda de oscuridad cubierta. Silencio, María está pasando. Los que tu caminar van marcando contigo van viviendo lo que tu representas en esta noche de Viernes Santo.

Sola queda la Cruz, sin inquilino se ha quedado. Yo quiero en esta noche ser como tú, llevar mi cruz hacia el Calvario. La llegada al templo comienza con la fuerza que él nos ha dado. Lo hemos visto por la calle y a el queremos imitarlo. Te colocas en el banco y agarras la cruz agarras con fuerza, más no la sueltas ni un momento, en ella tu alma llevas. Y cientos como tú saborean el silencio de una madrugada que responde a imitar al maestro. Y tres golpes marcan que se abra ya la puerta, levantas tu cruz del suelo, respiras y coges fuerza. Esa misma que necesitas para imitar al maestro, la misma que trasmites al resto de tus compañeros. Ya se oyen los rugidos de las cadenas contra el suelo, como si rasgaran un camino de promesa impuesto. Te acercas a la puerta y la cruz en nada se va clavando. Tu camino al Gólgota da comienzo, tu destino llegar al mismo. Fuerza no te falta, la oración, tu mejor aliento. Las calles siempre oscuras, para acoger aun más el momento. La gente te observa, en absoluto silencio. Una banda sonora de rasgadas contra el suelo, es el sonido de la noche, el que rompe el silencio.

Madre, de la Aurora te llamaron. Tu esperanza infinita puesta en volver y verlo resucitado. El te dijo que la profecía pronto llegaría y tu madre a tu hijo esperas, lo que está escrito se cumpliría. Joven eres en esta tierra para alegría de todos nosotros, una hermosa Virgen María, Aurora, como el amanecer de este domingo Santo. Y el manto negro que tu llevas, fuerte lo sostienes y lo agarras, pero como haz de luz que te ciega tu mirada, el manto va cayendo al contemplar lo que pasa. Ves sombra y ves luz en esta noche estrellada, crees lo que ves más no quieres la luz tocarla. Una figura humana marca la sombra que se adelanta. Si, Madre, soy quien tu crees, a quien tus ojos no engañan. Y se aparta el frio negro que envuelve la morada, y se llena de colores la luz que me cegaba. Eres tu, hijo mío, puedo ver tus llagas, la que te dejaron para siempre marcadas.

Es domingo, tercer día de mi muerte. Ha pasado lo que estaba escrito, aquí estoy madre, he venido para verte. Hoy he resucitado de entre los muertos,  hacia ti me han traído creyentes en sus hombros doloridos.

Han representado en estos días  la Pasión de mis últimos días. Desde que llegué en borriquita, cuando estaba en el huerto, traicionado y juzgado, presentado y flagelado. Han representado un Vía Crucis camino de un monte maldito. Han marcado los pasajes de mi penoso recorrido.

Han sufrido cada golpe de cada clavo que me ponían, para que bien me sujetara a un madero que en mis hombros hacia el monte arrastraba. Y han puesto en escena a un cristo suplicando la misericordia que nunca me ha llegado. Y un Cristo ya muerto y después puesto en tus brazos, como cuando de pequeño me acunabas llena de gozo y alegría. Pero lo que ellos representan más es dolor y silencio. Al sepulcro me llevaron unos hombros que nunca sintieron el dolor que la madera dejaba. Y ellos también representaron a una madre, que rota de dolor me acompañaba. Hoy ha llegado el día que la luz gana a las tinieblas y junto a ti quedo y lleno de vida me tienes a tu lado por unos días. Gracias a los que mi pasión ha representado para que la fe en Mí sea pilar de cada uno día a día.

Tomelloso cierra un ciclo que año tras año lo pone en la calle para que la fe no se pierda. Esta es la Pasión de Cristo, esta es la Pasión tomellosera.

Cierro con una cita que magnifica el relato que de mano de S. Lucas fue escrito, y es la muestra de que vivo sigue

“Ved mis manos y mis pies. Soy yo mismo”

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