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Entrevista a D. Luis Miguel Avilés, desde Cuba

“Desde Tomelloso no solo nos enviáis medicamentos, sino también ánimo, esperanza y sueños”

D. Luis Miguel Avilés.

El sacerdote Luis Miguel Avilés desarrolla su labor pastoral desde hace años en Cuba, desde donde agradece emocionado la respuesta de los fieles tomelloseros, que han donado más de 220 kilos de medicinas, además de 1.500 euros para hacer frente al envío de las mismas. El resto ha sido aportado por las cinco parroquias que conforman la Unidad de Acción Pastoral de Tomelloso

Desde Cuba, haciendo un hueco a sus múltiples responsabilidades, el sacerdote Luis Miguel Avilés nos cuenta cómo están viviendo la pandemia en las comunidades que él atiende y qué ha supuesto para ellas la donación de medicinas realizada desde las parroquias de Tomelloso.

PREGUNTA.- ¿Cómo es el lugar en el que desarrolla su labor allí en Cuba?

RESPUESTA.- Mi trabajo se desarrolla en la diócesis de Cienfuegos, situada en el centro de Cuba, abarca la propia provincia de Cienfuegos más la parte del sureste de la provincia de Espíritu Santo con el municipio de Trinidad. Yo me sitúo en la zona oeste de la provincia. El municipio cabecera se llama Rodas. Tengo dos cabeceras parroquiales, Rodas y Cartagena, dos comunidades más con capilla, que son Congojas y Santiago de Cartagena, y las demás comunidades como Lajitas, Maleza, Lequeitio y otras comunidades más pequeñas en las que nos reunimos en casas o bajo la sombra de algún árbol grande. Rodas es el pueblo que concentra la administración municipal, aunque Cartagena, por su pasado, compite en ciertas cosas con Rodas. En Rodas y Cartagena tenemos un policlínico de atención sanitaria.

Se trata, en todo caso, de una zona rural donde la ganadería vacuna se instala por doquier. Se siembra algo de frijol, maní o cacahuete, malanga y boniato más para producción doméstica, pero sobre todo es zona cañera (caña de azúcar). En el municipio existen dos “Centrales” para la producción de azúcar. Salvo una zona montañosa a caballo entre las provincias de Espíritu Santo y Cienfuegos que tiene su atracción en fuentes de agua y cascadas, la provincia es una planicie con una alternancia de pastos y plantaciones de caña.

Hay una carretera que me permite acceder a casi todos los puntos de las comunidades de la parroquia. Me muevo siempre en una moto eléctrica, que en alguna ocasión me ha dejado tirado en medio de barrizales. A veces hay que utilizar el transporte público esquelético y desvencijado, o alquilar algún vehículo debido a caminos encharcados en época de lluvias. En otras ocasiones voy en el “carro” de las hermanas. Con todas estas realidades, mi cuerpo ya me susurra alguna queja y lamento.

No se puede realizar ninguna actividad pública de la iglesia fuera de los ámbitos eclesiales.

P.- ¿En qué consiste su labor allí?

R.- Como sacerdote misionero mi labor se centra fundamentalmente en la formación cristiana, celebración de la fe de las comunidades cristianas católicas a mi cargo y la acogida a las personas que desean acercarse a la fe y quieren prepararse. No se puede realizar ninguna actividad pública de la iglesia fuera de los ámbitos eclesiales. Las características ideológicas de Cuba con una constitución comunista no permiten ninguna actividad en la Iglesia de tipo escolar, sanitaria, ni siquiera caritativa, puesto que toda actividad social queda reservada exclusivamente al Estado. Si en algún momento se ejerce, como en estos días lo estamos haciendo, una actividad humanitaria por parte de agentes extra estatales es porque el Estado ha entrado en una fase crítica de atención primaria a su gente. Esta es una de las razones por las que desde la comunidad cristiana estamos administrando medicinas, provenientes del extranjero, con carácter temporal.

P.- ¿Cuáles son los principales retos que se plantea con su comunidad?

R.- Mi trabajo no es el de ser un lobo solitario, me atengo a los planes de pastoral de la Iglesia de Cuba, gestados por los agentes pastorales y la Conferencia de obispos católicos de Cuba y, por tanto, asumido en el programa pastoral de la diócesis de Cienfuegos. Después cada cual trabaja con las características personales y con los recursos de los que pueda disponer, que no suelen ser muchos. El último plan pastoral en el que yo he podido trabajar y que se cerraría a finales de 2020 estaba animado por las celebraciones del 400 aniversario del hallazgo de la imagen de la Caridad, patrona de Cuba y la visita del Papa Benedicto XVI y Francisco. Este era un plan pastoral bello y encarnado. No se desentendía de la realidad socio-política-económica que vive el país y, por tanto, tenía una mirada y un compromiso sincero con lo social, económico, demográfico, con la realidad política y cultural que vive el país. La realidad religiosa en sus múltiples y variadas expresiones era objeto también de reflexión y actuación abierta al diálogo.

P.- ¿Qué ha supuesto para usted ser acogido en aquella misión? ¿Qué ha aprendido de esta comunidad?

R.- Siempre he expresado que en todos los lugares a donde he estado, he sido bien acogido y he intentado dar lo mejor de mí también. En Tailandia para ser bien acogido tuve que permanecer mudo e inmóvil durante tres años para crecer en una cultura que poseía una lengua (o varias), unas costumbres en vestuario, colores, sabores, música, percepción de la vida, una historia en la que uno se sentía fuera de juego, con procesos de vida diferentes, rodeado con una experiencia religiosa milenaria como el budismo con el que se te invita a conocer y dialogar.

En Cuba se habla de “aplatanamiento”, “estar aplatanado es asumir la vida a lo cubano, acoger la vida e historia del pueblo con el que compartes tu ser y hacer”. Es verdad que se percibe una vida en historia común, en lengua y tradiciones, pero también diferente y que hay que ser humilde al acogerla. En la medida que uno se va aplatanando percibe la riqueza de la vida que se desarrolla y desborda por todos lados. Por las características isleñas y caribeñas, uno siente, no solo un clima húmedo y cálido con el que me debato cada día, sino el calor de la vida, la música que lleva al delirio, la vida en la calle, la viveza de las conversaciones, lo positivo y negativo de un sincretismo que desorienta a quienes hemos sido educados en una formalidad y orden. El pueblo cubano atesora grandes reservas de alegría, creatividad y talento. Es capaz de resolver situaciones en las que uno puede caer en la desesperación.

En nuestras comunidades, aprecio un despliegue de ministerios eclesiales amplio, diáconos permanentes, catequistas-responsables de comunidades, agentes de pastoral que se responsabilizan de ámbitos misioneros, visitadores y visitadoras de enfermos, ministros y ministras de la Eucaristía, trabajo de pastorales concretas que se dinamizan desde los Consejos pastorales. Percibo una iglesia que se asienta en un esfuerzo y trabajo laical amplio.

P.- ¿Cómo se está viviendo allí la pandemia?
R.- Podríamos decir que en Cuba se comenzó a vivir la pandemia ya entrado el año 2021. Se jactaba el gobierno de que Cuba al ser una isla y “ser una potencia médica”, al virus le daría miedo circular por la isla. Al virus solo le gustaba la sociedad capitalista. Empezando por La Habana y Matanzas el desarrollo del virus trajo la desesperación al sistema de salud cubano que colapsó, después Santiago de Cuba y otras provincias. En nuestra provincia de Cienfuegos apenas hubo casos en el año 2020, pero ya en el mes de mayo se tuvieron que cerrar perimetralmente los diversos municipios, los contagios se fueron haciendo masivos y el sistema de salud también colapsó. Las muertes han superado cifras nunca experimentadas. Hubo que cerrar toda la vida social y nuestras comunidades y parroquias también se vieron cerradas y recluidas. Cuba experimentaba con unas vacunas propias, “criollas” con las que quería entrar en el juego farmacéutico y así rentabilizar el hundimiento económico en el que se encuentra la isla debido al parón turístico. Se preveía no solo ser la salvación para la isla sino para toda América Latina y Caribe. Pero hasta que no se ha rendido a la “Sinopharm”, lo cierto es que Cuba no ha visto calma y respiro. Todavía estamos a medio gas y poco a poco el gobierno va abriendo actividades y vida social en la que entramos las parroquias.
En medio de todo esto, sin saber razones ciertas, la farmacia cubana colapsó también y las medicinas dejaron de llegar a los puntos farmacéuticos de reparto de municipios y pueblos y a la gente, a nuestra gente le vino la desesperación y la angustia. Esto es lo que motivó la solicitud de ayuda. Aún hoy el sistema de monopoplio farmacéutico cubano no se ha recuperado.

P.- Recientemente, desde Tomelloso y desde otros puntos de La Mancha, se ha realizado un envío de medicamentos. ¿Qué ha supuesto esto para las comunidades cubanas?

R.- El sufrimiento en el que se encontraba la gente de los pueblos y comunidades me hizo hacer este llamamiento de medicinas y de ayuda farmacéutica.  Mi preocupación no era solo por mis feligreses, era por toda la gente que se desesperaba.  De hecho, los que menos solicitan este servicio de medicinas son feligreses. La mayor parte era gente con la que yo no había tenido ningún contacto. Personas que les cuesta trabajo pasar a la iglesia donde he llevado a cabo el reparto. Personas que todavía tenían en su mente las prevenciones de las autoridades en los años 70-80, donde solo pasar a la iglesia podía costarles la desautorización para estudiar o hacer una carrera concreta o para una restauración de vivienda. Pasar a la iglesia era ser desafecto a la ideología.

Una de los primeros paquetes que me llegó de Tomelloso incluía unas cajas de amoxicilina con ácido clavulánico. Fue casi al tiempo de hacer el llamamiento a Tomelloso. Sin saber que la amoxicilina estaba en la caja me vinieron a buscar de la comunidad de Santiago de Cartagena. Un accidente provocó que le tuvieran que amputar una pierna a un señor joven con dos hijos. En el hospital se la amputaron y el cirujano le dijo a la familia, “he hecho lo que está en mi mano hacer, si quieren salvar la vida a su familiar, busquen antibióticos en la calle (es decir donde puedan), aquí en el hospital no los hay“. En este momento, aunque cojeando, este señor está vivo. Creo que es una vida que el pueblo de Tomelloso ya ha salvado. Esto es motivo de agradecimiento a la vez que de orgullo por esta solidaridad tan humilde y sencilla.

Que una persona reciba un medicamento que le hace falta genera un sentimiento de alegría y esperanza grandes. Le suelo decir a la gente que los recibe que se acuerden de las personas que se los han enviado, no nos conocen pero han hecho un acto generoso que los ennoblece y que hay que agradecer con el recuerdo y, si son creyentes, con la oración. Como expresaba el poeta Pedro Salinas “que alegría vivir sintiéndose vivido”. Que nos vivan y que lo expresen con una pastillita de paracetamol, metamizol o un antiinflamatorio es como en el evangelio un vaso de agua que nos refresca el cuerpo y el espíritu, ello no queda sin recompensa.

Ante la situación preocupante generada por la falta de fármacos, el gobierno levantó la mano para que se pudieran hacer pedidos y llamamientos para aliviar el sufrimiento de la gente. Es verdad también que en un principio las cajas de medicinas llegaron muy pronto y con una frecuencia muy generosa, hasta yo mismo me sorprendí. Ahora llevamos varias semanas sin recibir nada. Se habla de retenciones en correos en La Habana debido al volumen, esperamos que solo sea por retrasos debido a la abundancia de la ayuda en los servicios de reparto de correos y no por aquello de “a río revuelto, ganancia de pescadores”. Últimamente las quejas “por ciertas desviaciones” están a la orden del día. Habrá que estar sobre aviso. El hambre y la necesidad debilitan la honradez y el derecho, incluso en las autoridades.

Desde esta plataforma que me proporciona la entrevista quiero dar las gracias a Tomelloso.

Desde esta plataforma que me proporciona la entrevista quiero dar las gracias a Tomelloso. Me siento muy orgulloso de un pueblo solidario y generoso siempre. Que ha tenido una grandeza de alma sintiendo el dolor y la impotencia de la gente de Cuba. Hoy cuando me han empezado a llegar los paquetes enviados desde Tomelloso les he tenido que decir a esta gente que entra con miedo a la iglesia que las comunidades cristianas de este pueblo de La Mancha en España envían salud, ánimo, sueños y esperanzas para los doloridos y sufridos, es un acto de fe profundo. Hoy me sentía contento de pronunciar el nombre de Tomelloso para decirle a la gente que me llega y que no son de los que “vienen” a la iglesia que hay gente muy solidaria que había pensado en Rodas y nos ha enviado los fármacos que necesitábamos. Es necesario agradecerles y orar también por ellos.

Espero que lleguen todos los paquetes, hoy llegaron dos y como he expresado anteriormente el hambre y la necesidad debilitan la honradez, pero de momento van llegando paquetes y después habrá que ver si están todos los que se enviaron. Gracias a todas las personas que han puesto su granito de arena en esta empresa.

P.- ¿Cómo se plantea su futuro? ¿Piensa en regresar a España?

R.- Creo que debiera jubilarme en misiones y lo demás ya vendrá. Sin embargo soy persona que entiende que no soy ni el salvador de la Iglesia de Cuba, ni de Cienfuegos, ni tampoco salvador de la Iglesia universal, ese solo es Cristo y la gente tiene que vivir responsablemente su fe desde sus compromisos bautismales. Creo (sin querer oponerme a lo que pueda ser voluntad del Señor) que mi futuro misionero no acaba en Cuba. He vivido la Misión en oriente y ahora en occidente. Hay otras maneras de vivir la Misión con otra edad y en otros ambientes y contextos. Estoy pensando en ello.

Creo que debiera jubilarme en misiones y lo demás ya vendrá.

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Lucas 1:14

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